10.9.08
9.9.08
16.4.07
Myanmar y Camboya
Sé que siempre digo lo mismo, pero es que es verdad: creo que nunca he hecho un viaje que no me haya gustado. Dicen que cuando te sellan el pasaporte por primera vez, tu vida ya nunca vuelve a ser igual. Y aunque haya tenido que despertarme todos los días antes de lo que me despierto cuando voy a trabajar, aunque haya hecho un calor de muerte, aunque ha sido mucha paliza de aviones, y aunque haya habido veces que hemos pasado demasiado tiempo (para mi gusto) de mercadillos, compras, etc., ha merecido la pena.
Myanmar ha sido un descubrimiento genial. Seguramente debido a la junta militar que lo gobierna, no se haya podido abrir demasiado aún, desgraciadamente para ellos y afortunadamente para los turistas. Pero los mercados y la Shwe Dagon pagoda de Yangón; Bagan, donde la cantidad de templos, stupas y pagodas perdidas entre la vegetación producen una emoción única, sobre todo cuando se contempla la puesta de sol desde lo alto de cualquiera de ellos; y los paisajes, la gente y la tranquilidad que se respira en el lago Inle, son increíbles. No tuvimos tiempo para ir a Mandalay, ni a Amarapura, pero qué se le va a hacer.

Y aunque en Bangkok sólo estuvimos de paso (la primera noche y la última), no puedo olvidarme de los pedazo de hoteles que hemos tenido, y sobre todo de la cena en el Cabbages & Condoms, un restaurante precioso, y la copa que tomamos en el Sirocco, el bar de la azotea de la State Tower, con un grupo de jazz tocando en directo y una vista increíble de toda la ciudad iluminada.
Dicen que el mundo es como un libro, y quien no viaja sólo lee la primera página. En este capítulo de mi libro he dejado muchas cosas subrayadas y seguramente vuelva a releerlo alguna vez.
También dicen que viajar te abre la mente, pero lo hace con todas las consecuencias. Es vergonzoso la injusticia que hay en el mundo. En este viaje he visto sitios preciosos, pero de nuevo lo que más me ha sorprendido e impresionado ha sido la gente, con su amabilidad y alegría, a pesar de la pobreza en la que viven. No puede ser que por tener la suerte o desgracia de nacer en una parte del mundo o en otra, toda tu vida se vea condicionada.
Y ahora a pasar página y a pensar en el siguiente viaje: Indonesia.



